Memorias del futuro

Acrílico sobre lienzo, 100x100 cm, 2025

Creo que la pintura es un vehículo de expresión que puede reflejar cualquier ámbito de la vida y que se alimenta a la par de nuestra experiencia como de otras obras que de alguna manera permearon en nuestra imaginación. Siguiendo esta primera idea, a menudo me he preguntado qué forma tomaría el futuro, tener alguna intuición, que no certeza, sobre cómo sería la vida de aquellos que nos sucedan, cuál será la tecnología a su disposición, o cuáles serán los nuevos usos y leyes que rijan esa sociedad que, paso a paso, se acerca pero que me temo que no alcanzaremos a ver. En este ámbito de cosas, la ciencia ficción, a través de la escritura y del cine, ha logrado plasmar algunas espléndidas iteraciones dentro del infinito de posibilidades existentes. Desde un universo cuyas fronteras parecen difusas, dominado y de carácter antropocéntrico de las sagas ideadas por Roddenberry o Lucas hasta los dilemas, quizás más filosóficos, que plantean los textos de Arthur C. Clarke, Stanislav Lem o Philip K Dick, todos ellos integrantes de la denominada edad de oro que experimentó dicha corriente a lo largo del siglo pasado.

 

De la mente, tan visionaria como enfermiza, de este último creador surgieron, por ejemplo, las novelas que luego inspiraron adaptaciones tan redondas como “El hombre en el castillo” (Frank Spotnitz y Eric Overmyer, 2025-2019), “Desafío Total” (Paul Verhoeven, 1992), “Una mirada a la oscuridad” (Richard Linklater, 1996) o, la que posiblemente sea mi preferida de todo el género, “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982).

 

Si volvemos la vista atrás, hacia la década en la que este film llegó a las salas, no podemos más que reconocer la influencia que su estética irradió en el cine posterior. Las desoladas ciudades de neón, las atmósferas turbias, la frialdad de la vanguardia industrial en “Blade Runner” serían constantemente imitados en la multitud de películas que siguieron su estela. De la misma manera un Vangelis en estado de gracia nos regaló una banda sonora que es el código sobre el que se han escrito muchas partituras después, incluso en nuestros días.

 

Sin embargo, pienso que “Blade Runner” también tiene una actualidad asombrosa y casi profética en el cuestionamiento, cada vez más cercano, sobre la naturaleza del ser humano y que me empujó a pintar este “Memorias del futuro” sobre un lienzo. Si hasta hace relativamente poco la inteligencia artificial y la robótica distaban por completo de emular nuestro espíritu, hoy nos despertamos, entre la curiosidad y el estupor, considerando que algún día un ente humano tendrá una base que no sea biológica. Cuando llegue ese momento, cuando los replicantes abandonen el celuloide para pasear por nuestras calles y la bioingeniería de Tyrell deje de ser fruto de la alucinación de su autor, parafraseando el propio título de la novela de Dick, deberemos preguntarnos ya si los androides sueñan en realidad con ovejas eléctricas.

 

Enlace en alta resolución: 

www.flickr.com/photos/santasusagna/54911706859

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