Un poeta a la deriva

Mixta sobre papel, 40x54 cm, 2016

Sentado en la orilla, uno puede observar las inflexiones de la luz espejeando sobre la superficie del agua y creer que conoce los misterios del vasto mar. Pero cuando vences la reticencia de las olas y te adentras en él, recibes el bautismo de su verdadero color, contemplas todos los seres fantásticos que habitan en aquel reino líquido y que hasta entonces no se te había permitido ver.

Con la poesía nos sucede algo semejante. Leemos las palabras y podemos escuchar simplemente la musicalidad de las mismas, las rimas y ritmos que entre ellas tejen, sin detenernos más allá de esos intensos destellos sonoros. Pero podemos después reposar la mirada entre sus renglones, con los juegos que entablan las metáforas, esbozar líneas con sus silencios y sus pausas, y entender algo distinto por completo. Y esa es también la riqueza oculta de un poema.

 

Hace un tiempo le propuse a un amigo, el poeta zaragozano Raúl García Fernández, un pequeño reto creativo. A partir de un dibujo apenas trazado, el escribiría un texto, que a la vez daría soporte a una lámina pintada ad hoc. Aquella obra de naturaleza dual se llamaría “Chica en un café” y vio la luz en 2014.

 

De las sinergias entre disciplinas diferentes se puede extraer todo un caudal de creatividad y siempre pensé que no habíamos dicho la última palabra juntos. Pero, en ese caso, el punto de partida sería un poema de Raúl el que guiaría todo el proceso. Elegimos para ello uno escrito para su próximo libro, “Margarita mustia” y que acompaña a esta obra.

 

Los poetas a menudo andan perdidos en sus cavilaciones, imaginando un universo para nosotros. A veces me pregunto si son seres extraviados en un mundo al que no parecen pertenecer o si son, como ya intuyo, en realidad los únicos que han sabido sobrevivir a él sin embrutecerse, sin dejar de perseguir el noble ideal de la belleza.

 

"He navegado sobre las olas de lo obscuro
sobre la espuma de océanos sutiles
bajo el influjo de la luna en mares de palabras

 

la luna ha izado olas de ensueños con sus pestañas
la espuma ha lubricado las letras con su tacto
las olas de noche han convocado a las musarañas

 

He hundido mis rodillas en la nieve como un intruso
en lagos de nata monstruosos
en ánforas donde vibraba trémula la leche de la cabra

 

la leche suavizó la tinta que no encontró la rima
los lagos se arremolinaron apagando cacofonías
la nieve arrolló tachones con avalanchas de virutas

 

He despertado a la luz del día como si fuera un niño
al calor del alba como se abren los pétalos 
y se curvan las ramas al arrullo de la aurora

 

la aurora me consultó lánguida sobre el brillo de las estrellas
el alba quiso refrescarse entre las mareas nocturnas
la luz del día me sorprendió 
rayando sus versos sobre el papel."

 

 

Enlace en alta resolución: www.flickr.com/photos/santasusagna/29946452470

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