Siempre habrá un horizonte

Técnica mixta sobre papel, 90×60 cm, 2012

Quizás hayáis conocido hombres que no encuentran dónde enraizarse porque su vida está siempre en el camino. Son gente que respira inquieta, barruntando un nuevo viaje, embarcados en aventuras que les otorgan la libertad pero también les llevan a sufrir. Y cuando deciden asentarse y hallar un poco de reposo, una rutina al calor de un hogar, pronto entristecen y vuelven a mirar al horizonte por su ventana.

 

Esta pintura y estas palabras están dedicadas a todos ellos.

 

«Cuando el alba empuje tu barca hacia el vaivén del oleaje
No temas su envite, marinero,
Porque él escribirá en los renglones de la bitácora,
Testimonio de tu viaje.

 

Y cuando se haya vestido tu piel de salitre y sudor,
Comprenderás que, a merced del viento traicionero,
No hay más rumbo que aquél
Que trazan las blancas estelas de tu nave
Sobre el lecho del mar abierto.

 

Sólo teme que el antojo sea brújula de tu timón,
Que la procelosa añoranza no te atrape en sus redes,
Que el cuchillo del alisio, que rasga una y otra vez el velamen,
No sea como las cicatrices de las batallas que guarde tu cuerpo.

 

Y que ya mayor, perdido en la pleamar,
Las rémoras de tus recuerdos no caigan como un ancla rota,
Que abandone tu nave a la deriva, al albur de una costa
Donde ningún puerto te deje sentir bajo cobijo.

 

Confía entonces en tu instinto, el don que te ha sido dado.
Déjate llevar por tu fe en la voluble piedad de las corrientes,
Que te arrastró náufrago a visitar latitudes
Que ningún otro hombre había visitado antes.

 

Lo dijeron otros mucho antes que yo.
Es una ley inmutable del mar
Que siempre llega una calma,
Después de la tormenta.

 

Y cuando hinques de nuevo tus rodillas
Sobre la orilla que una lejana mañana te vio zarpar,
Maldecirás el recuerdo de tu odisea, como añorarás con el tiempo
El coraje de la juventud perdida y la soledad del errante.

 

Porque no hay faro que ilumine hasta el final tu camino,
Nadie guiará tu rumbo, como la mano de un padre a su hijo.
En realidad, nadie nos confió, viejo marinero,
Que hasta nuestro postrer aliento
Siempre nos espera una nueva aventura,
Siempre habrá un último horizonte que alcanzar.»  

 

Enlace en alta resolución: www.flickr.com/photos/santasusagna/7919096048

Logo

© Derechos de autor. Todos los derechos reservados.