Ikaros

Acrílico sobre papel, 32×32 cm, 2015

Si echáramos la mirada atrás, hacia los relatos de quienes vivieron antes que nosotros, o si nos dejásemos ayudar por el estudio del pasado, lo veríamos al instante. El ser humano, que ha llegado a dominar el mundo e incluso a aventurarse tímidamente hacia las estrellas, siempre ha seguido la estela de su curiosidad, una brújula constante, y de su pertinaz ambición por avanzar, sorteando aquellos obstáculos que se le pusieran por delante.

 

Pero quién podría discutir que no hemos pagado un alto precio por ello. El camino del progreso está sembrado de fracasos, de pérdidas. Diríamos que no existe el cambio sin el riesgo, ni el riesgo sin el dolor. Sólo el tiempo nos cura las heridas.

 

El mito de Ikaros simboliza mejor que ningún otro esa realidad. Ikaros ambicionó volar como lo hacían las aves, pero olvidó que su naturaleza era frágil. Si los artificios que construye el coraje no siempre consiguen rescatar al hombre en su caída, nada le impedirá emprender de nuevo el vuelo, aprendidas las lecciones del fracaso.     

 

Enlace en alta resolución: www.flickr.com/photos/santasusagna/19004862273

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