Alguien al otro lado

Mixta sobre papel, 42×64 cm, 2016

A veces se enreda el espíritu en una lucha sin tregua, nunca resuelta, una larga partida de ajedrez en la que toma bando por un lado y otro del tablero. Sucede de este modo, cuando la voluntad de sentirse libre se enfrenta al anhelo de querer, de entregarse al otro.

Batallamos toda la vida por ser fuertes, por marcar un perfil independiente. Tememos la desnudez del amor, de abrir un corazón, quizás magullado por anteriores lances, a las caricias ajenas, que nos reconfortan tanto como nos asustan.

En el refugio de la añoranza, creemos sentirnos protegidos, dejando que el recelo construya a nuestro alrededor una jaula de empinadas paredes de cristal. Nos convertimos en islas a la deriva, náufragos de un abandono.

Quizás la soledad sea un bien tan necesario como el amor. La reflexión suele nacer en momentos de retiro, como la fuerza, de las pruebas que superamos por nuestra propia cuenta. Pero a veces el miedo al rechazo, a ser engañados, nos enroca en un castillo altanero, presuntuoso, de quien cree estar ya de vuelta de todo y del cual, en el fondo, anhelamos escapar.

Sobre el texto

Para crear al protagonista de “Alguien al otro lado”  busqué en experiencias tanto propias como ajenas. Jon no es más que, como él mismo confiesa, “un trotamundos buscando algo de cobijo y compañía”

El vive rodeado de personas que creen conocerle pero, bajo el ruido de la ciudad, el silencio de los momentos vacíos puede resultar abrumadoramente más ensordecedor.

Sobre la obra

Quizás la mayoría nos hemos sentido alguna vez extraños delante del espejo, esperando que nuestro reflejo fuera más bello, o soñando simplemente ser otra persona. Aceptar quienes somos no debe impedir desarrollar nuestra identidad. No debe disuadirnos de alcanzar lo que en nuestro interior creemos ser.

Las flores que se presentan cerradas y ya abiertas simbolizan aquello que debe despuntar para alcanzar su esplendor. De la misma manera, la naturaleza nos brinda muchos ejemplos de su poder transformador. La hermosa metáfora de las mariposas es singular en ello: sólo en su estado más avanzado, definitivo, despliega su auténtica belleza.

No es un proceso fácil. A menudo los contratiempos pueden superar nuestras fuerzas. Si la penumbra simboliza el desaliento, la luz que se abre paso por las ventanas nos dice que la esperanza será nuestra más incansable compañera.

 

 

Enlace en alta resolución: www.flickr.com/photos/santasusagna/25950160543

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