The good side

"The good side", 2019 - Acrílico sobre papel, 44x44 cm

 

A principios de 2018 Troye Sivan publicó una canción, “The Good Side”, una balada con un delicado aire entre el folk y la electrónica. En su letra narraba el fin de una relación en el pasado. Mientras se disculpaba ante su antiguo amante por haber salido más fuerte de la ruptura y haber encontrado de nuevo la felicidad, por encontrarse en “el lado bueno” de la vida, deseaba que alguna vez pudieran volver a verse y compartir un sentimiento mutuo de comprensión.

 

Más allá de su melodía, su letra me hizo pensar cuántas veces el tiempo te enseña a vivir una misma situación desde dos perspectivas en un principio enfrentadas. Quizás no exista un ejercicio que nos pueda hacer sentir una mayor empatía por los demás y que nos haga comprender que nunca somos poseedores de la verdad absoluta, porque sencillamente ésta no existe.

 

Si era rechazado en el campo amoroso, los años me ponían en la situación de tener que decir que no y entender que tampoco significaba pretender hacer daño a la otra parte. Si en algún momento me mostraba intolerante o poco considerado, un día sufría la experiencia de ser víctima del mismo mal que había sembrado. De igual manera, si tenía algún éxito profesional, la vida me mostraba que del fracaso también podía salir una buena lección. Los aciertos y los errores son caras de la misma moneda en los que el esfuerzo pero de igual manera el azar tienen un papel protagonista. Pero siempre, cuando ocurría que me hallaba en la otra banda de la ecuación, de alguna manera, aquello que jamás había entendido hasta entonces, poco a poco cobraba lógica en mi interior.

 

En realidad, quizás haya una cierta justicia poética en todo ello, como si una mano divina escribiera el guion de nuestras vidas y procurara equilibrar la luz y la sombra, lo bueno y lo malo, en un balance tan frágil como apasionante de vivir.

 

 

 

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