El eco del tiempo

"El eco del tiempo", 2016 - Acrílico sobre papel, 40x40 cm

 

"Despliega sus alas,
Eco del tiempo,
El recuerdo de tu rostro
Sobre las olas del olvido"

 

La identidad del ser se construye a través de un proceso de aprendizaje en el que la cultura y las vivencias cobran un papel protagonista. La persona, como individuo, se va formando en el curso del tiempo, capa a capa, en una suerte de sedimentación, de manera que somos de algún modo aquello que recordamos. En ese sentido, por ejemplo, las enfermedades de la memoria nos descubren cómo se halla intrínsecamente vinculada a ella  la esencia de la propia persona.

 

Nuestros recuerdos están tejidos con una materia sutil y enigmática, que a veces se deshace con suma rapidez pero en otras deja una impronta indeleble. Algunas evocaciones nos visitan con feliz o devastadora insistencia. Otras permanecen agazapadas en la penumbra del olvido hasta que un aroma, una palabra o una fotografía las hace florecer en nuestra consciencia.

 

Hace unas semanas recibí un encargo muy especial al respecto: un amigo me propuso interpretar en una lámina una antigua fotografía de su mujer. Cuando le pregunté qué hacía de especial aquella imagen, me respondió que, a pesar del tiempo, resumía lo que le había enamorado de su pareja. Era un recuerdo, que capturaba un momento concreto del pasado, pero despertaba una emoción firme en el presente. Era el poder sugestivo y mágico de la memoria.

 

Nuestra vida es una sucesión constante de fechas y de experiencias, pero sólo depende de nosotros darles un verdadero significado, con fortuna a un buen puñado de ellas. Vivamos y amemos profunda e intensamente para no lamentar el haber dejado escapar nuestros días. Vivamos y amemos para poder recordar lo que fuimos, para comprender lo que ahora somos.

 

 

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